La piratería digital no sólo es un delito de carácter personal prescription online que sufren determinados autores o artistas, sino que sobre todo es un atentado a una industria, a un sector económico de vital importancia, como han puesto de manifiesto sindicatos y representantes de las empresas culturales europeas en un reciente informe en el que alertan de la pérdida en Europa de más de 240 millones de euros y hasta 1,2 millones de puestos de trabajo para 2015 si no se actúa contra esta lacra social. Mientras Estados Unidos, con su presidente Barak Obama a la cabeza, exige agresividad contra la piratería y trabaja para sacar adelante un proyecto de ley internacional de Acuerdo de Comercio Antifalsificaciones, el Viejo Continente no cuenta todavía con un discurso claro y contundente en defensa de la propiedad intelectual y el apoyo a la industria cultural. Tras la II Guerra Mundial, Estados Unidos logró suprimir los aranceles a las películas aduciendo que eran bienes culturales y no industriales, y ello favoreció sin duda la gran expansión del cine norteamericano que imposibilitó un desarrollo parejo de otras industrias en Europa. Al final, se demostró que el cine era y es cultura, pero también un sector productivo estratégico. Y ahora aún lo es más, y no sólo el cine sino todas las industrias relacionadas con la creación y el entretenimiento (música, juegos, libros, etc.), cuyo futuro está ciertamente en riesgo. Hace más de 60 años EE UU unidos supo ir por delante, y ello facilitó una expansión de su cultura, pero también de su industria. Dos conceptos que no debemos olvidar que van y deben ir parejos.