Recordar la vida de un amigo que acaba de morir es siempre un ejercicio doloroso, pero si además hay que intentar resumir una trayectoria profesional y personal tan dilatada como la de Rafael López Lita (Valencia, 1941-2011), entonces la tarea se vuelve casi imposible. En estas pocas líneas no hay espacio suficiente para citar solamente los títulos obtenidos, las entidades que promovió, los libros o artículos escritos, y las empresas en las que participó. Y eso por no hablar de las decenas, cientos de alumnos y alumnas agradecidos por sus enseñanzas, tanto académicas como vitales. Porque Rafael fue un docente comprometido con enseñar no sólo los conocimientos teóricos, sino además la actitud y los valores necesarios para encarar con éxito el ejercicio de una profesión, la de la Comunicación en su sentido más amplio, a cuya docencia y desarrollo dedicó “toda su inteligencia, esfuerzo y tiempo”, como le recordó con acertada síntesis Carlota de Dios en su funeral, el día después de Navidad, en Valencia. Allí, en la capital del Turia, en la misma ciudad que 70 años antes le vio nacer, nos dimos cita una amplia representación de todas esas personas e instituciones que, de una u otra manera, nos beneficiamos de su colaboración y conocimientos para rendir un primer y emocionado homenaje a quien tanto ha hecho por la consolidación de las Ciencias de la Comunicación en nuestro país.

Posibilista empedernido, sabía desanudar la realidad para encontrar siempre el camino más fácil, el trayecto más cómodo, tanto que a veces nos resultaba imposible de creer a los que trabajábamos con él y nos dedicábamos a complicarlo por no seguir exactamente sus indicaciones. Ese espíritu, al mismo tiempo pragmático y optimista, que se crecía ante los retos y que le permitía ver la oportunidad donde otros sólo encontraban problemas o dificultades, es el que le empujó a venirse a Castellón, de la mano del rector Fernando Romero y del entonces vicerrector de Comunicación, Domingo García Marzá, con 57 años recién cumplidos y una cómoda posición en la Universidad Complutense de Madrid, con el encargo de montar la titulación de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universitat Jaume I. Apenas una década después la convirtió en una referencia a nivel nacional e internacional, al tiempo que, a partir de esos estudios iniciales arrancados con más ilusión que medios, promovió la puesta en marcha de las titulaciones hermanas de Comunicación Audiovisual y de Periodismo, así como del primer máster oficial en Ciencias dela Comunicación adaptado al Espacio Europeo de Educación Superior que se impartió en la Comunidad Valenciana y que he tenido el privilegio de codirigir con él y con el también catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad Javier Marzal. Su intenso trabajo durante los últimos 14 años ha permitido crear en la Universitat Jaume I de Castellón un potente departamento de Ciencias dela Comunicación, muchos de cuyos doctores y doctoras, entre ellos yo mismo, nos formamos bajo su magisterio. Todo su profesorado le somos, en mayor o menor medida, deudores.

Amante de las clases y del contacto directo con los alumnos, fue un trabajador incansable que mantuvo una intensa actividad docente hasta casi sus últimos días, incluso cuando la enfermedad había empezado ya manifestar sus primeros síntomas. Para él, el alumnado era el principal motor de su actividad académica, y ante ellos procuraba ser no sólo su profesor, sino también un consejero y un amigo en el que poder apoyarse en los difíciles momentos del tránsito al mundo laboral. Generoso con su tiempo, perennemente disponible para sus estudiantes, le gustaba incentivar su inteligencia, infundirles inquietudes empresariales o universitarias y, siempre, prestarles el soporte, los contactos o el consejo necesario para que las más variadas iniciativas salieran adelante. Junto a la docencia, mantuvo una larga trayectoria investigadora en el área de la comunicación financiera, en donde supo verter los conocimientos de su doble doctorado en Ciencias Económicas y en Ciencias de la Comunicación, y que contribuyó a ampliar con la dirección de tesis y trabajos de investigación relacionados con la gestión de intangibles y su contabilidad, o con la comunicación de productos socialmente responsables, entre otros muchos temas. Porque, como buen comunicador, Rafael López Lita mantuvo en todo momento una visión amplia y generalista de nuestra disciplina, y se caracterizó por mantenerse siempre al día de las últimas tendencias y de todos los procesos de innovación, que le atraían especialmente. Abierto a todo tipo de ideas, no se consideraba especialmente creativo, aunque sí que lo era, sobre todo cuando se trataba de poner en marcha proyectos empresariales o universitarios, en los que supo aportar una mágica mezcla de experiencia, amplia cultura, curiosidad y ausencia de prejuicios casi infantil, la perfecta combinación para la creación.

La conexión de la Universidad con el tejido productivo y la visión clarividente de que la docencia y la investigación universitarias deben estar al servicio de la profesión respectiva fueron sin duda otros dos de los grandes rasgos definitorios de su trayectoria laboral. Su esfuerzo constante por acercar la Universidad a la empresa le permitió ejercer una docencia práctica antes de que el espíritu de Bolonia llegara a las aulas europeas. Con la puesta en marcha del “Seminario de Creatividad en Vivo” con la multinacional McCann, la organización de congresos como el de Comunicación Local (ComLoc) o el de Castellón 2020, con el periódico Mediterráneo, entre otras muchas actividades, actuó como un interfaz privilegiado para conectar a los estudiantes con el mundo del trabajo y al profesorado universitario con las inquietudes de los profesionales en activo y de la sociedad en su conjunto. En ello destacó especialmente en los últimos años, cuando fue nombrado Comisionado para la Promoción de las Relaciones Universidad Empresa, primero por el rector Francisco Toledo y después por el actual Vicent Climent. Desde este cargo, acercó la investigación universitaria a los empresarios a través de proyectos como el Libro blanco de las relaciones Universidad-Empresa, el Libro Naranja de la I+D+i o la Ventanilla Única Empresarial, entre otros. Y es que mucho tiempo antes de que las redes sociales evidenciaran la importancia de las relaciones entre las personas y las instituciones, Rafael López Lita fue un conector social único, capaz de aglutinar las más variadas voluntades y de poner a colaborar a personas cuyo único punto de contacto era, en ocasiones, la común amistad con él. De esa inmensa capacidad de relación surgieron grandes proyectos y nuevas y estrechas amistades.

Pero si en algo destacó especialmente Rafael fue en su capacidad para destacar, en todo momento y lugar, la importancia capital de la comunicación, clave del Bienestar, como demostró en uno de sus libros de madurez. Firme defensor de la profesionalización de las diferentes actividades de la comunicación, promovió la creación, entre otras, de la Asociación de Agencias de Publicidad de la Comunidad Valenciana, del Ilustre Colegio Oficial de Publicitarios y Relaciones Públicas de la Comunidad Valenciana, de la Asociación para el Desarrollo de la Comunicación AD Comunica y de la delegación en la Comunidad Valenciana de la asociación de directivos de Comunicación Dircom, entidades estas dos últimas que presidió hasta el momento de su fallecimiento.

Para mí, su mejor lección es que la comunicación está relacionada con todos los ámbitos de la actividad humana –desde la empresa, que tan bien conocía, hasta la ingeniería, el deporte o la medicina- y que en todos ellos es posible su mejora gracias, precisamente, a una acertada acción comunicadora. Reivindicó que la comunicación era capaz de aportar siempre un valor añadido -en ocasiones el factor diferencial para el éxito- y que gracias a la misma se puede transformar y mejorar el mundo. Apasionado apóstol de la fuerza de la comunicación, esa fue su gran doctrina, una teoría que su vida demostró sobradamente.

Nos dejas un legado inmenso y la responsabilidad de cuidarlo sabiamente y de hacerlo crecer como lo habrías hecho tú. Si somos capaces de seguir tu ejemplo, no será difícil.

Hasta siempre, maestro.

Fotografía: (c) Antonio Pradas, 2008.