Esta tarde he tenido ocasión de compartir una sesión formativa sobre “La comunicación de las emociones” con la profesora Elsa González Esteban, dentro del curso de verano que dirige junto con el profesor Domingo García Marzá sobre “Neurociencias: ¿una nueva filosofía?”, y de la que recojo aquí algunas de las transparencias de apoyo que hemos utilizado. El análisis de cómo se comunican las emociones nos ha llevado a hablar de lo que se conoce actualmente como “storytelling”, o el arte de contar historias, que no es más que una sistematización de los principales mecanismos narrativos utilizados por el ser humano desde tiempos inmemoriables y que ahora las empresas, las marcas e incluso los individuos están utilizando de manera estratégica para hacer llegar determinados mensajes de la forma más efectiva posible. La narrativa se ha convertido así en una herramienta más al servicio de la comunicación corporativa. Una herramienta muy útil, pues, como hemos defendido,  tiene una alta capacidad de atracción sobre las audiencias, es capaz de movilizar a la acción y, sobre todo, garantiza el recuerdo. El riesgo, como ha apuntado Christian Salmon en su obra Storytelling, la máquina de fabricar historias y formatear las mentes, es que tan poderosa técnica se utilice sin escrúpulos, con historias falsas generadas sólo para lograr más ventas, y caigamos en lo que este mismo autor ha calificado como un “capitalismo de las emociones”.

Además de esta cuestión crítica, que no debemos olvidar, el acercamiento a la técnica del “storytelling” me ha permitido descubrir uno de los grandes errores públicos del Periodismo, profesión que asumo como rasgo de mi carácter y que hasta hoy consideraba de gran utilidad. Me refiero a que la obsesión de determinado Periodismo por la objetividad, por la información pura, por el dato y los hechos nos ha estado privando del modelo antropológico de acceso al conocimiento a través de la narrativa clásica. Frente a la narración propia del Periodismo, basada en la pirámide invertida (que muestra los datos más importantes al principio), el “storytelling” reivindica el modelo narrativo clásico de introducción, nudo y desenlace. Se trata de un modelo consolidado durante cientos, miles de años, y que los periodistas nos hemos cargado de un plumazo en apenas siglo y medio. Es cierto que con honrosas excepciones, como las del Nuevo Periodismo, pero no es menos cierto que hemos inundado el espacio público con una forma de contar las historias totalmente desnaturalizada.

Frente a ello, el “storytelling”, o arte de narrar historias, plantea una vuelta a los estadios del héroe que tan bien caracterizó Joseph Campbell, y cuya efectividad ha quedado demostrada en multitud de relatos. Por tanto, es el momento de reivindicar este nuevo modo de narrativa y de aplicarlo además a nosotros mismo. Porque, ¿de qué otra cosa estamos hecho si no es de historias?