Más allá de las innumerables e importantes lecturas políticas que ha tenido, tiene y tendrá el movimiento de protesta ciudadana que se inició en España el pasado 15 de mayo, este fenómeno representa un estupendo caso de estudio sobre aspectos esenciales de la comunicación pública. Por un lado, el 15M supone una demostración más de la capacidad de las redes sociales para facilitar la movilización de las personas, incluso en sociedades tan individualizadas y apáticas en lo político como la nuestra. Pero además es un ejemplo de que otros paradigmas comunicativos, lejos de cambiar, se han acrecentado hasta convertirse en verdades inmutables que conviene no olvidar.

He aquí mi particular visión comunicativa de un proceso cuya cronología está perfectamente detallada en otros espacios en la red, como la que nos ofrece Javier Cejudo en su blog, por ejemplo. Es evidente que este apunte es una mera aproximación a un fenómeno que merece un estudio con mayor profundidad, sobre todo en la medida en que vaya evolucionando, pero por ahora quería compartir con vosotros las primeras lecciones comunicativas que yo he aprendido del #15M:

1. La comunicación es acción… El aforismo del maestro Joan Costa se ha demostrado una vez más. La comunicación transforma la realidad, las palabras son capaces de cambiar los acontecimientos y a través de la comunicación intervenimos en los hechos. A partir del intercambio de palabras, se convocó primero una manifestación, se generaron después los movimientos de acampadas y, en definitiva, se ha construido un movimiento que todavía está en marcha y en plena fase de crecimiento. Habrá quien piense que tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado 22 de mayo el movimiento del 15M no ha servido para nada, ya que la foto del mapa político resultante no ha variado significativamente a la que auguraban las encuestas antes de la aparición de esta revuelta ciudadana. Eso es cierto, pero creo que analizar el movimiento sólo desde esa perspectiva es una visión muy a corto plazo y además equivocada, ya que no se pretendía directamente influir en el resultado electoral sino aprovechar la caja de resonancia que ofrecía el momento político para hacer más visible la indignación y el cabreo de una gran parte de la sociedad. Por tanto, no creo que el resultado invalide esta primera lección. Es más, creo que en este caso la comunicación ha implicado mucha acción, pero todavía ha de implicar más; es decir, que aún veremos muchas más consecuencias de este fenómeno. Algunas serán evidentes y otras no, pero desde luego esta comunicación lleva a la acción. La Revolución Francesa necesitó más de siglo y medio en conseguir que su filosofía se recogiera en la Carta Universal de los Derechos Humanos, que desgraciadamente aún no es de aplicación general, pero sin la primera no existiría la segunda, ni todos los avances sociales que se han producido desde 1789. El proceso no será tan lento, pero todo requiere su tiempo. En cualquier caso, el 15M supone ya un antes y un después en la forma de hacer política.

2. …y la acción es comunicación. Todo comunica, lo que se dice, pero también lo que se hace, como tan acertadamente nos ha enseñado Costa en la continuación de su aforismo. La manifestación fue un acto de comunicación y la acampada también, pero lo sigue siendo y en cada momento la acción comunica una cosa, a un público diferente y con una repercusión diferente. Las primeras acciones contribuyeron en gran medida a amplificar los mensajes y fueron el mejor cebo para que los grandes medios de comunicación se hicieran eco de este movimiento de protesta ciudadana, que contó así con una interesante iconografía propia, acrecentada por una más que torpe decisión del consejero de Interior de Cataluña, Felipe Puig, de lanzar una carga policial contra los acampados. Las imágenes del terror y la violencia, difundidas por miles de medios, fueron un magnífico balón de oxígeno para que más gente se lanzara a las plazas de toda España. La acción comunica. Pero lo hace en todo momento, y si bien la acampada pudo ser una gran oportunidad para desvirtualizar un movimiento de protesta que había nacido en Internet y que necesitaba llegar al mundo real, también es igual de cierto que a medida que han ido pasando los días el número de voces críticas con esta presencia urbana ha ido en aumento. Son muchos los que piensan que los acampados deberían regresar a sus domicilios y volver a tomar la calle en determinados momentos. El escritor Arturo Pérez Reverte, que además de gran literato es un genio de la comunicación y de la captación del interés mediático, así lo ha defendido en su Twitter: “Disolverse, reunirse, golpear con la palabra y la dignidad y desaparecer de nuevo. Hasta la próxima”.  La permanencia en la calle puede llevar al movimiento a la marginalidad y hasta a una cierto rechazo de determinados grupos sociales que al principio vieron con buenos ojos la protesta y con la que se identificaron. Lo he podido comprobar por mí mismo este fin de semana pasado en Madrid, en plena Puerta del Sol, donde se respiraba todavía la bocanada de aire fresco que supone este movimiento pero al mismo tiempo un claro riesgo de ruptura del amplio apoyo social conseguido. La acción comunica, pero puede mudar su mensaje.

3. El poder de movilización de las redes sociales es inmenso… Desde la campaña presidencial de Barack Obama hasta las revoluciones que se han agrupado bajo el concepto de la primavera árabe, las redes sociales han demostrado recientemente, y cada vez con más fuerza, su gran capacidad de movilización social. El 15M no podría haberse generado sin estas redes. Toda la movilización se fue construyendo y armando a través de etiquetas como #15mani, #nonosvasmos#acampadasol o#spanishrevolution, que actuaron como aglutinadores de cientos y miles de ciudadanos anónimos antes desconectados entre sí. Las redes integraron a los individuos y los lanzaron a la acción conjunta. Además, las redes sociales actuaron como un viral y extendieron su influencia por todo el país y también por otras partes del planeta, como ha sintetizado en un estupendo post Delia Rodríguez. Por tanto, los individuos ya no están aislados y pueden agruparse fácilmente gracias a la tecnología.

4. …pero los media son todavía quienes ostenta el poder del debate público. De alguna manera, al favorecer la movilización, las redes sociales han supuesto una cierta ruptura del monopolio informativo de los medios de comunicación tradicionales (y no me refiero a los medios off line frente a los online, sino a las grandes corporaciones mediáticas, a los grandes medios de masas, independientemente del canal por el que se difundan). La teoría de la espiral del silencio de Noelle-Neumann ha quedado de alguna manera tocada, ya que las nuevas tecnologías han introducido una fisura importante en su lógica. Sin embargo, el 15M ha demostrado también el protagonismo indiscutible de los media como cuarto poder, ya que este movimiento no alcanzó el centro del debate público hasta que no fueron los medios tradicionales los que se hicieron eco del mismo, primero a través de unas llamadas individuales a determinados programas de radio y luego a través de informaciones periodísticas propias, hasta llegar a las portadas de los grandes diarios en papel y en Internet, y a los informativos televisivos, traspasando incluso nuestras fronteras. Si la Red permitió agrupar individuos, han sido los media quienes han favorecido la expansión masiva de sus mensajes, los que han situado realmente el movimiento del 15M en el centro de la agenda pública. Y es que las audiencias masivas todavía son exclusiva de los grandes medios, de las grandes empresas informativas (privadas o públicas) y no tanto de las redes sociales. Al menos, por el momento.

5. Y las rutinas de los media son las que dominan los discursos. Ha quedado demostrado que los media siguen definiendo la agenda de la opinión pública, y que además lo hacen de acuerdo a sus propias rutinas productivas. Es decir, que para mantener el interés de las audiencias, de los públicos, los medios requieren de un aprovisionamiento constante de novedades, o de conflictos, o de elementos que, de acuerdo a su lógica informativa, hacen que un tema siga vivo y otros desaparezcan. Los criterios de valoración periodística que en su día expuso Carl Warren se han demostrado plenamente válidos en este caso, en el que se ha ido perdiendo el interés mediático a medida que el movimiento se ha ido alejando en el tiempo y, sobre todo, han ido desapareciendo otros aspectos que hicieron en su día que se juzgara como un gran tema periodístico: consecuencias, suspense, conflicto, emoción, rareza, progreso. El 15M, desde el punto de vista periodístico, era un tema perfecto, pues prácticamente satisfacía todos los puntos del decálogo de Warren, pero ha ido dejando de hacerlo y el interés mediático se ha ido desplazando hacia nuevos focos de interés, como la candidatura de Alfredo Pérez Rubalcaba o la crisis de los pepinos. Todo ello demuestra que los medios de comunicación de masas siguen siendo el centro de nuestro universo comunicativo y que todo programa comunicación corporativa (u organizacional, si se prefiere) debe tener como eje principal la gestión de las relaciones con los medios. Si el #15M quiere seguir vivo, no debería olvidar que debe mantenerse en el centro del debate mediático para poder protagonizar el debate social y que, para ello, debe conocer y aprovechar la lógica de los medios. En este sentido, la traslación de la acampada de las plazas de las grandes ciudades a los barrios ha sido una estrategia que no ha funcionado mediáticamente y habrá que ver si funciona la siguiente, la de convocar una gran manifestación mundial el 15 de octubre en un intento de convertir la #spanishrevolution en una revolución mundial.

Mientras el movimiento siga en marcha seguro que nos ofrecerá nuevas lecciones, y no sólo comunicativas, espero que también políticas. Y habrá que seguir atento a las mismas. ¿Cuáles son las tuyas? ¿Tú qué has aprendido del #15M?