Una de las cuestiones que más me empezó a preocupar en cuanto surgieron las redes sociales en Internet (sobre todo Facebook y Twitter) fue la relacionada con cómo integrar estas nuevas herramientas en mis hábitos diarios. El uso de las redes sociales se debe sistematizar, porque sino puede acabar acaparando demasiado tiempo (y sobre todo demasiado tiempo con escasos resultados; es decir, poco eficiente). Una reciente infografía sobre “El Mundo de Facebook” que ha elaborado The Blog Herald, y de la que se ha hecho eco Gaby Castellanos, cifraba en 700 minutos al mes el tiempo que un usuario medio dedica a Facebook, casi 12 horas. Una cantidad ingente de tiempo como para malgastarlo. En este sentido, Douglas Idugboe propone una interesante relación de hábitos diarios que uno debe cultivar en Twitter y que me ha servido de base para proponer una guía inicial de las nuevas costumbres sociales que deberíamos adoptar para nuestra vida digital:

Primera regla, la regularidad. Es básico ser constante en el uso de las redes sociales, tanto si las utilizamos para informarnos como si nos sirven como herramienta de difusión, no basta con hacer un uso esporádico, sino que éste ha de ser regular. Lo ideal es publicar un apunte en Twitter y/o en Facebook al menos una vez al día, pero siempre que haya alguna cuestión interesante que publicar. Para generar apuntes aburridos, es mejor no decir nada, porque sino la gente dejará de seguirnos. Esta misma regla nos sirve como lectores: lo ideal es consultar nuestras redes al menos una vez al día (tampoco hace falta estar a todas horas en conexión, sino quizás a primera o a última hora del día) y dedicarle tiempo sólo a lo más interesante. En Facebook, la propia red nos dice con su sección de “titulares” los apuntes más interesantes, mientras que para Twitter hay aplicaciones web muy interesantes, como Paper.li, que recogen en una página los tweets más significativos de las personas que sigues.

Segunda regla, dar un tiempo fijo a la lectura y a la publicación. Al final, las redes sociales le están comiendo parte del terreno al correo electrónico como herramienta de comunicación personal y también laboral, con nuestros compañeros de trabajo, clientes y proveedores. En este sentido, tenemos que establecer un tiempo para la lectura y otro para publicar, e intentar respetarlos. La mayor parte de las recomendaciones que ofrecí en este blog respecto al correo electrónico y el tiempo, pueden servir perfectamente para las redes sociales.

Tercera regla, aprender y compartir. Las redes sociales pueden tener un uso personal claro, pero también profesional, y en este último caso su función principal está relacionada con la difusión del conocimiento. Por ello, es fundamental que intentemos aprender algo nuevo cada día y que cuando encontremos alguna publicación que valga la pena (como ésta, espero), que la compartamos con los propios usuarios de nuestras redes, a través de un retweet o publicándola en nuestro muro.

Cuarta regla, cortesía y buena educación. La red es en muchas ocasiones demasiado fría y las palabras pueden tener siempre lecturas equivocadas, por lo que es muy importante mantener siempre una actitud de extrema corrección y elegancia. Eso incluye especialmente agradecer públicamente a “seguidores” o “amigos” cualquier aportación que te realicen, por pequeña que sea.

Seguro que entre todos podemos mejorar esta lista de nuevos hábitos, por lo que te animo a que si tienes cualquier sugerencia me la hagas llegar y construyamos entre todos esta guía para integrar los nuevos medios en nuestra rutina diaria.