La celebración del Día Internacional de la Libertad de Prensa, este miércoles 3 de mayo, se ha caracterizado por una salida generalizada de los periodistas de toda España a la calle para recordar a la ciudadanía que «sin periodistas no hay periodismo» y que «sin periodismo no hay democracia». Por motivos de trabajo me ha sido imposible asistir a la concentración que se ha celebrado en Castellón en la plaza Santa Clara -que se recoge en la foto de Francisco Poyato que ilustra este apunte y que he obtenido de la página en Facebook de la Asociación de la Prensa de Castellón-, por lo que me gustaría que esta entrada en el blog sea una muestra de solidaridad con esos compañeros y compañeras y, sobre todo, un sentido homenaje a todos los y las periodistas que cada día trabajan en unas condiciones laborales y profesionales muy difíciles para hacer más comprensible el mundo y más fácil nuestras vidas.

En estos tiempos en los que la información se encuentra en abundancia y en los que el espejismo de la tecnología hace creer a muchos que este oficio está al alcance de cualquiera, es más necesario que nunca vindicar el valor de una profesión que, a mi entender, ejerce una función de servicio público de importancia trascendental en nuestras sociedades modernas. Para ello, es fundamental que seamos capaces de distinguir el periodismo de la simple generación de contenidos o informaciones en la Red. Lo último primero requiere técnica, conocimientos y oficio; lo segundo, apenas algo de tecnología. Por eso hemos vivido y vivimos instalados en la sobreabundancia de contenidos, de información, pero la mayoría de la misma es redundante, en ocasiones falsa y, casi siempre, carente de valor. Frente a ello, el periodismo nos ofrece una visión de la realidad que nos permite discernir lo importante de aquello que no lo es, que nos aporta valor y, sobre todo, que nos ilumina sobre lo que es cierto y lo que no, ayudando a nuestro pensamiento y a nuestras acciones.

En mi opinión, el periodismo se diferencia de otras manifestaciones comunicativas porque sobre todo exige el cotejo, la verificación y el contraste de datos, opiniones y hechos, y, por tanto, es un faro que nos ayuda a movernos en este mundo tan complejo. Como siempre, aunque quizás ahora más que nunca, el periodismo es también selección y jerarquización de contenidos y temas, un ejercicio constante de síntesis y de valoración de la realidad. Antes a una velocidad diaria y hoy casi inmediata, instantánea. El periodista es el historiador del presente. Y por encima de todo ello, el periodismo es pensamiento crítico, capacidad de no aceptar una sola visión de la realidad, de no acatar solo lo aparente, sino de ir más allá, de interrogarse, de indagar, de ser capaz de mostrar la vida desde múltiples ángulos. El periodista ejerce como intelectual del instante. Puede parecer el trabajo de un coloso, y lo es muchas veces. Y además en unas condiciones laborales verdaderamente precarias, con jornadas eternas y salarios miserables.

Por más posibilidades que brinden las redes sociales o el próximo invento tecnológico, el periodismo seguirá siendo insustituible para acceder a una información real y veraz. Y los periodistas, piezas imprescindibles para su desarrollo. Por ello, desde aquí,mi mayor respeto y reconocimiento a esos hombres y mujeres comprometidos con una profesión, el periodismo, que no sé si es «el mejor oficio del mundo», como lo definió Gabriel García Márquez, pero sí el más importante para construir sociedades mejor informadas y con más futuro. Y por ello se merecen con todo el apoyo posible.